Plutón representa la transformación profunda: las crisis que hacen madurar, el poder (sufrirlo o ejercerlo), lo que debe deshacerse para que otra cosa pueda nacer. Se desplaza tan lentamente (hasta más de 20 años en algunos signos) que marca casi exclusivamente a una generación: es la casa en la que se encuentra la que hace que su lectura sea individual.
Descubierto en 1930 (y reclasificado como «planeta enano» en 2006, un estatus que no cambia en nada su uso en astrología), Plutón no pertenece al conjunto de los siete planetas clásicos y por lo tanto no tiene ninguna dignidad esencial en el sistema helenístico, por la misma razón histórica que Urano y Neptuno. La astrología moderna le atribuye convencionalmente el corregentado de Escorpio, signo anteriormente gobernado solo por Marte, una convención ampliamente compartida y posterior a las dignidades clásicas.